23.3.20

Bosques y agua

Parque Nacional Aigüestortes y Lago San Mauricio
Han transcurrido ya diez días desde que se declaró el estado de alarma ante la pandemia del coronavirus y muchos echamos de menos poder salir a la naturaleza y respirar el aire puro entre los árboles. Este fin de semana se celebraba el Día Internacional de los Bosques y el Día del Agua, y recordamos bonitos parajes que hemos visitado en el pasado, como el de la fotografía de arriba, y soñamos con volver algún día a salir de casa con la bicicleta o simplemente que nos dé el sol mientras paseamos junto al río.

El mes pasado terminaba un libro de un hombre que estuvo confinado en el exterior al contrario que nosotros que estamos recluidos en nuestras casas. Pete Fromm decidió en 1978 aceptar un trabajo a las órdenes de un agente forestal, que consistía en vigilar durante siete meses unos huevos de salmón en Indian Creek, que además de ser un arroyo, también es el título de esta novela.

Las primeras cien páginas las disfruté especialmente leyendo cómo aquel veinteañero, estudiante de Biología en la Universidad de Montana, al que le encantaba la montaña y correr aventuras, pasaba por primera vez por una experiencia similar, cómo los guarda forestales creían que no iba a sobrevivir al invierno, con aquel montón de latas que se había llevado y sin tener ni idea de cómo funcionaba una motosierra, por no hablar de que era la primera vez que conducía una camioneta con marchas y encima no tenía permiso de caza porque no había tampoco cazado en su vida. Pero Pete Fromm, el autor de este libro tan ameno y me atrevería a decir divertido en sus inicios aunque algo duro y cruel más adelante, supo arreglárselas en Indian Creek y ver por fin todas aquellas crías de salmón tratar de sobrevivir en la corriente del río en primavera.

Lectura en el tren a Zaragoza
La traducción es de Carmen Torres, colega con la que me puse en contacto porque me había llamado especialmente la atención, ya que aparece con frecuencia en el libro, que hubiera decidido utilizar «estación forestal». Resulta que hace unos diez años me topé también con la expresión americana ranger station en mi traducción de The Dark Place, que tiene lugar en el Parque Nacional Olympic (estado de Washington), y me hizo plantearme cuál sería el equivalente de «comisaría» (police station) en el contexto de los guardas forestales. Recuerdo llamar en 2009 a la oficina de los forestales que pillé a mano y después de que alucinaran un poco por que les llamase para hacerles esa pregunta —cosas de traductores, ya sabéis—, me dijeron que la denominaban «oficina» y esa fue la palabra que utilicé.

Cuando vi que se repetía en Indian Creek una y otra vez «estación forestal» me sonó mucho a calco del inglés. No decimos «estación policial», ¿verdad? Así que volví a ponerme en contacto con forestales en 2020 y también pensé en hablar con la traductora, que además hace años nos conocimos en persona, para que me explicase el motivo de su decisión, que sabía que no debía de ser un error. El coordinador de los agentes de Medio Ambiente de Cádiz le había dicho: «Pueden ser instalaciones propias, cedefos, parques, casas forestales o conveniados con ayuntamientos, pero en España con carácter oficial la respuesta es que no existen». Y ella me dijo a mí que como los forestales van por comunidades autónomas y cada uno tiene su nomenclatura —lo que confirmé con agentes de distntas CCAA—, «opté por un término neutro que se entendiera en cualquier parte».

Claro, el problema es que en España no tenemos el mismo concepto de ranger station que en Estados Unidos, donde incluyen las oficinas y viviendas para los guardabosques del parque. ¿Qué habríais hecho vosotros, «oficina», «estación forestal», otra opción o depende del contexto? Como veis, la curiosidad de la traductora se me aviva a la mínima y me encanta la faceta investigadora de nuestra profesión.

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