Moncayo y traducción
Una montaña unida a mi profesión y esta profesión unida a la montaña. La vi por primera vez nevada cuando me llevaron a Tarazona para un encuentro de jóvenes traductores y escritores que organizaba el máster que estaba cursando en la UAB junto con la University of East Anglia. Me gustó tanto, a pesar del pesado viaje en autocar desde Barcelona, que repetí al año siguiente por libre y me apunté a un congreso de traductores literarios que organizaba ACE Traductores y la Casa del Traductor, que por 2005 aún colaboraban. Durante mi tiempo libre y una charla que me salté (confieso), descubrí Agramonte subiendo sola desde San Martín. Y muchos años después, cuando ya vivía en mi Spanish Midwest, resultó que el otro único traductor literario de Aragón tenía su residencia en la falda del Moncayo. ¿Casualidad? Lo dudo. La traducción me ha llevado desde hace mucho tiempo a esa montaña. No es de extrañar que, sin pretenderlo, mis primeras fichas de la #traductoraforestal surgieran de una excursió...