9.2.15

La traducción de La historia interminable (IV)

Esta es la cuarta y última entrada sobre la traducción de La historia interminable. Puedes la leer las anteriores clicando en I, II y III


Cartel oficial del acto
El 12 de noviembre de 2014, coincidiendo con el aniversario del nacimiento de Michael Ende, se celebró en la Casa del Lector de Madrid, la tercera sesión del ciclo CHARLA ENTRE TRADUCTORES, dedicada a la traducción de LA HISTORIA INTERMINABLE. El invitado de honor, por supuesto, fue Miguel Sáenz, que no sólo es conocido por la traducción de esta novela, sino por trasladar al español a otros escritores alemanes importantes como Günter Grass. Además, es miembro de la RAE y de la Deutsche Akademie für Sprache und Dichtung.
Miguel Sáenz. Fotografía de prensa.
Recibió el encargo a finales de los setenta, cuando Jaime Salinas dirigía la editorial Alfaguara y comenzó a trabajar en ella Michi Strausfeld, una mujer clave en cuanto a la difusión de literatura infantil y juvenil alemana en España, la que decidió que Miguel Sáenz debía ser el traductor de esta obra. Cuando Miguel la leyó, le encantó, en especial porque a pesar de que ya había traducido muchos textos, este lo podrían disfrutar sus hijos que entonces eran pequeños.
Momento de la conferencia
También nos habló del proceso de traduccióen el 81 se encontraba en Pollença, con su mujer alemana, que le sirvió de gran ayuda y nos contó los criterios que siguió a la hora de traducir, por ejemplo, los nombres propios como Fantasia o Fújur, las innumerables referencias del texto a otros textos, o el hecho de que cada capítulo comenzara con una letra del alfabeto y debiera mantenerse el mismo orden en español. Por otro lado, le pregunté sobre la identificación de palabras bávaras como en la burla de los compañeros de Bastián: «Wambo, wambo! Sitz auf dem Potschambo!» o cómo saber si las criaturas fantásticas eran propias de la mitología y leyendas antiguas o si por el contrario Ende se las había inventado (Winzlinge, Felsenbeißen...).


Miguel Sáenz y Noemí Risco hablando de La historia interminable
Otra de las preguntas que le hice fue si había conocido en persona a Michael Ende. Sí, en dos ocasiones. Y nos leyó la «Entrevista que nunca ocurrió», un artículo, posiblemente inédito, que él mismo escribió después de que Ende le dijera:
Todas las entrevistas son iguales. No entiendo por qué los periodistas insisten en preguntarme las mismas cosas una y otra vez. Solo pueden recibir las mismas respuestas.
Este encuentro fue en 1990, en un coloquio sobre literatura fantástica, dirigido por María Kodama, la mujer de Borges, en El Escorial. ¡Quién hubiera estado allí!
Michael Ende dice que sigue escribiendo sin parar. Que, en realidad, trabaja todo el tiempo, aunque - como Umberto Eco- sea por naturaleza pigro. Su mayor problema, casi obsesión, es evitar que, de por vida, la gente lo considere únicamente el autor de La Historia Interminable y Momo. Sabe muy bien que, con esos dos libros, alcanzó techos difíciles de superar... pero cree que vale la pena intentarlo.
Las ediciones que nos enseñó Miguel Sáenz de su traducción, y su original en alemán

Para finalizar, tras el sorteo que hizo nuestro invitado de honor entre los asistentes de una edición de La historia interminable del 82, Miguel y yo leímos el último diálogo entre el señor Koreander y Bastián. Sin duda, él era Koreander, el mentor, y yo, Bastián, el aprendiz. Todo un privilegio.


-¡Gracias, señor Koreander! -dijo Bastián.
-Soy yo quien tiene que darte las gracias, muchacho -respondió el señor Koreander-. Me gustaría que de vez en cuando te dejaras caer por aquí para que intercambiásemos experiencias. No hay tanta gente con la que se pueda hablar de esas cosas.
Le tendió la mano a Bastián.
-¿De acuerdo?
-Con mucho gusto -dijo Bastián estrechándosela-. Ahora tengo que irme. Mi padre me espera. Pero volveré pronto.
El señor Koreander lo acompañó hasta la puerta. Cuando salió, Bastián vio, a través del letrero invertido del cristal, que su padre lo esperaba al otro lado de la calle. El rostro de su padre resplandecía.
Bastián abrió con fuerza la puerta, con lo que el racimo de campanillas de latón se puso a repiquetear locamente, y corrió hacia aquel resplandor.
El señor Koreander cerró la puerta con cuidado y los siguió con la vista.
-Bastián Baltasar Bux -gruñó-: si no me equivoco, les vas a enseñar a muchos el camino de Fantasia para que puedan traernos el Agua de la Vida.

Y el señor Koreander no se equivocaba.
Pero ésa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión.

POR ENDE

Asistentes a la charla sobre la traducción de La historia interminable
Muchas gracias a todos por acompañarnos


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