15.1.16

Dos de Ende

Marinella Terzi, mi próxima invitada al ciclo Charla entre Traductores, con la que estaré hablando en la Casa del Lector el mes que viene, me dijo durante la preparación de esta actividad que de niña su libro preferido de Michael Ende era Jim Botón y Lucas el maquinista. A mí me regalaron la edición de Círculo de Lectores de 1987, que leí en su día pero que no había vuelto a abrir en estos casi treinta años. Este me pareció el momento perfecto para leerlo otra vez.

Lummerland es una isla muy chiquitita, con un rey, Alfonso Doce-menos-cuarto, y dos súbditos. También viven allí Lucas y su locomotara, Emma. El cupo de habitantes está cubierto. Por eso, cuando llega en un paquete un bebé comienzan a preocuparse y tienen que pensar quién se irá de la isla cuando Jim crezca. Pero el niño se hace muy amigo de Lucas y cuando el rey le sugiere que debería marcharse Emma, deciden irse los tres. A partir de entonces, corren muchas aventuras, sobre todo después de entrar en China y prometerle al emperador que rescatarán a su hija secuestrada.
Michael Ende escribió este libro mucho antes que La historia
interminable, en 1960, pero ya por entonces nos dejaba entrever criaturas de Fantasia, como los búfalos purpúreos que tienen en el jardín del palacio imperial chino, el colorido desierto del Fin del Mundo y los dragones.
No recuerdo la sensación que me dejó al leerlo a los ocho años, pero ahora me ha hecho gracia cómo habla de las distintas razas:
Le parecía estupendo que el niño fuera negro porque ese color hacía muy bonito sobre la tela rosa y el rosa era su color preferido.
O cómo nos describe China y sus costumbres. ¿Creería mi yo infantil que eran las cosas de verdad así en ese país?
Los limpiadores de orejas trabajan igual entre nosotros que los limpiabotas. Había que sentarse en unas cómodas sillas que tenían preparadas en las calles... Había también cuentacabellos, que le cuentan a uno los de la cabeza, porque en China es muy importante saber cuántos cabellos se tienen...Al año los niños chinos son tan despiertos que corren y se portan como personas mayores. A los dos años saben leer y escribir...
Lo que sí recuerdo, o al menos me vino a la memoria en cuanto vi las ilustraciones del interior, es que por aquella época había visto unos dibujos muy parecidos en un libro que me hicieron leer en el colegio y al buscarlo en Internet, efectivamente, ¡eran de él! El ilustrador se llama Franz Josef Tripp y la lectura obligatoria que recuerdo disfrutar bastante, en especial por los dibujos que me llamaban mucho la atención porque ocupaban toda la página, era El bandido saltodemata.
Ende, Michael. Jim Botón y Lucas el maquinista (Jim Knopf und Lucas der Lokomotivführer, 1960). Círculo de Lectores: Barcelona, 1987. Traducción de Adriana Matons de Malagrida.

Creía que no me quedaban obras por descubrir de este autor y me equivocaba. Una equivocación grata. Hace unas semanas encontré en la Biblioteca de Cetina esta curiosa obra en verso para ópera, escrita en 1984, basada en una leyenda bávara, en la que una hilandera y su marido por mediación de una bruja hacen un pacto con el Goggolori, un duendecillo. Pero a cambio de su buena fortuna tendrán que pagar un precio muy alto...
Un fragmento de la ópera de Wilfried Hiller con libreto de Michael Ende:

Ende, Michael. El Goggolori (Der Goggolori, 1984). Editorial Ayuso: Madrid, 1985. Traducción de Luis Pastor y Marciano Villanueva. Ilustraciones de María Jesús Pérez Carballo.

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