
La llegada del solsticio de invierno coincide con las Navidades. Esta fecha, igual que sucede con el 24 de junio y la noche de San Juan, tiene para muchas civilizaciones y culturas una gran importancia ritual y ceremonial.
El solsticio de invierno marca el inicio de un nuevo ciclo, es una época del año en la que disminuye la actividad vegetal y animal. En estas circunstancias, las personas pasan más tiempo en familia al calor del hogar y al mismo tiempo, se celebran ceremonias y ritos de fertilidad, antiguamente y también en el actualidad, dedicados a la vegetación para que dé frutos.
El antecedente directo serían las Saturnales romanas, celebradas en honor a Saturno, dios de la abundancia y la fertilidad. El cristianismo, al no poder arrancar de raíz esta tradición, optó por reconvertir la fiesta pagana del Natalis Invicti, el nacimiento del Sol Invicto, encarnado en la figura del emperador y de las Saturnales, que se celebraba el 24 de diciembre y a partir del siglo IV se la hizo coincidir con el nacimiento de Cristo. El Tió, tradición catalana, constituye una supervivencia del antiguo culto al fuego del hogar y el culto a los árboles. El Tió, medio muerto a lo largo del invierno, tiene en su interior una fuerza regeneradora y al darle con el bastón le despertamos el espíritu fértil que lleva dentro.

De estas fiestas también cabe destacar las ferias, las comidas familiares, las uvas de fin de año,
l’home dels nassos, el árbol de Navidad, Papá Noel o Santa Claus y los Reyes; bueno, y para los más bromistas, los Santos Inocentes.
Por estos lares, las comidas típicas son: la escudella y la
carn d’olla, canelones, pollo o pavo relleno, la sopa de galets, los turrones, los mazapanes y las
neules. Aunque en casa de mis abuelos tenemos aparte de éstos, otros platos que se repiten cada año, como los tradicionales entremeses (o más bien el pica-pica bestial que hace mi abuela antes de servirnos tres platos más y después llegar al postre). ¿Vosotros qué soléis comer?
¿Celebráis de alguna manera especial estos días? A mí me encanta decorar la casa, escuchar villancicos (pero a poder ser que no canten esos niños con voz de pito), comidas familiares, reuniones con amigos... y sí, he de confesar que también me hacen ilusión los regalos; pero ya hace tiempo que descubrí, que a pesar de que estas fiestas la mayoría de la gente las enfoca hacia el consumismo, no hace falta gastar todo lo que uno tiene y tirar la casa por la ventana para pasar unos días agradables.
Os deseo todo lo mejor para esta Navidad y que los buenos sentimientos de estas fechas se hagan extensibles al resto del año.